Este fin de semana estuve moderando una mesa redonda sobre el potencial termal de América Latina en calidad no solo de especialista sino como miembro del Comité Asesor de Termatalia, Feria que en esta octava edición se consolida como puente de intercambio entre el sector termal de Europa y Latinoamérica.
La participación de ponentes de paÍses como Uruguay y México, enriqueció los conocimientos del numeroso público asistente, por una sencilla razón: Uruguay tiene un desarrollo turístico termal de gran importancia en el Mercosur y México es su país donde la utilización de las aguas, principalmente aguas termales, han dado paso a los tradicionales establecimientos de Parques Acuáticos y Balnearios, así como otros espacios denominados SPA que han evolucionado siguiendo los estándares mundiales en servicios y calidad.
Precisamente en estos foros es donde mejor se pulsa la opinión sobre el sector y donde se sacan conclusiones tales como si el turismo termal, es una moda o una necesidad o tal vez ambas cosas a la vez. La realidad nos dejó una clara evidencia: el turismo termal es una demanda social y puede ser rentable negocio.
El planteamiento no deja lugar a dudas. Desde que se ha comprobado que el agua, bien sea convencional, termal o marina, consigue apaciguar los efectos del estrés y otras las enfermedades denominadas de la sociedad moderna, los balnearios y hoteles se han preparado para ofrecer las mejores instalaciones termales posibles y se han convertido en la “ escapada “ perfecta para el relax y la puesta en forma.
España sigue siendo un referente y lo saben los empresarios del sector termal que estudian y analizan esta corriente europea. Estamos ante un fenómeno social que involucra no solo a la salud sino al sector gastronómico y hotelero.
Así encontramos que la cifra de balnearios en España crece gracias a la explotación de manantiales y a las inversiones mixtas, administración y empresas privadas y aunque la mayoría sigue dirigiéndose al turismo de salud y programas del Imserso, cada vez son más los que renuevan sus instalaciones o las reconvierten en alojamientos más lujosos para dar respuesta a la creciente necesidad del turismo termal.
En las zonas vacacionales ocurre lo mismo: ya no hay hotel que se precie que no cuente con una zona de aguas, tanto en ciudades como en las zonas costeras, donde los centros de talasoterapia están despuntando. Tampoco queda atrás el turismo rural. Hoteles y casas incluyen como prioridad instalaciones y tratamientos, más modestos, pero igual de reconfortantes.
Cada vez surgen más acuíferos que generan nuevos balnearios y ya se contabilizan 120 establecimientos termales, 31 centros de talasoterapia y 151 Spa urbanos. Las ganancias de los resort ascienden a 660 millones de euros, de los cuales 220 son del sector termal, y 440 provienen de los SPA. Se estima que el termalismo genera unos 7000 empleos directos.
La salud bien merece una planificación y en eso están las administraciones del Estado. Sin embargo conviene hacer un alto para la reflexión cuando surgen algunos interrogantes.
¿ No estaremos sobreexplotando un recurso natural en base a nuestro bienestar, cuando el sector todavia no dispone de una adecuada reglamentación.? ¿ Vamos hacia un turismo responsable o simplemente un negocio?



